INTRODUCCIÓN AL TANTRA

El Tantra es una práctica milenaria psico-física y espiritual del antiguo Oriente, que procura la Expansión de la Consciencia. En sánscrito se define como entramado, telar o tejido (interconexo), que indica la red multidimensional que somos. Lo que el paradigma cuántico confirma como principio de “entrelazamiento” e “inseparabilidad”.

Herencia de innumerables interpretaciones erróneas del pacato moralismo judeo-cristiano, de la antropología comparada y otros vicios maximalistas de una modernidad al límite, que hoy en general se desconoce, para peor se malinterpreta, se juzga y se distorsiona; contrario al evidente conocimiento y compendio de tradición cultural.

Parafraseando libérrimamente al poeta Machado, solo cambiando de contexto su polivalente enunciado: “¡Oh! Míseros… que desprecian cuanto ignoran”.

Nuestra voluntad restituye el respeto, la sacralidad y la razón de una práctica (creada hace milenios en El Valle del Indo) que alcanza el estatus de sabiduría ancestral, el conocimiento del ser, el cuerpo, la Salud y la Belleza. “El Mundo está enfermo por falta de Belleza”.

Constancia que nos devuelve con la experiencia la luz de una verdad, el significado y sus profundas bio-implicaciones.

Comprendamos que la Energía Sexual-Vital, subyace enraizada en casi todas las cosas e instancias humanas, pero continua sepultada, desconocida y bloqueada en el cuerpo y el comportamiento natural, debido a la represión moral y una pésima educación, enfocada a la reproducción (la industria penal) la rentabilidad, la obediencia y no un verdadero culto al placer, la felicidad y el bienestar; reverberación vibrante del poder intrínseco en/de (la) creación misma, como manifestación, libertad y descongestión continua, para una gnosis que integra por entero y sin exclusión, la condición humana total. Lo que para el sabio Ken Wilber sería una “Teoría del Todo”, un “ser humano integral”.

Genésica congelada en nuestra memoria celular, que hemos de despertar poco a poco hasta conseguir recordar, en principio, lo que Éramos antes de(l) Ser.

Amar es “recordar” (del latín “re-cuore”, pasar de nuevo por el corazón).

Apartándonos del juicio socio-cultural y religioso, la falta de educación sexual (en Occidente desgraciadamente reducida al plano de la pornografía) dista de ser consciencia y sensibilidad, convertidos/reducidos sólo a una información residual del saber y el sentido.

Nuestro cuerpo y la praxis cotidiana en su totalidad, se conforma meramente con cumplir tan solo unas cuantas funciones alimentarias, fisiológicas e higiénicas, conduciéndonos al sueño (de la razón, en el sentido más peyorativo) de la inconsciencia, la inercia despoetizante, plus otros programa mentales, envilecedores del Ego y sus terrores (ficticios, imaginados, sostenidos), ignorando y maltratándonos hasta la disfunción, las minusválidas, el perenne interruptus, el anatema, la insensibilidad, la desidia y en muchos casos patologías, parafilias atroces, y una sociedad endémicamente neurótica que sigue y sigue acumulando ira.

Justo es ahí donde reincide nuestra obra, una mayéutica, en/para la autonomía del “despertar”, por recuperar un sentir, sensible, lejos de la anestesia y el embotamiento de la sensibilidad por una saturación o sobrexposición de información y conductas erradas, fuera del orden natural, la danza cósmica y la curiosísima exploración fascinante, que al (recordar) descubrimos conectado(s) con todo (El Todo). En Paz, Unidad y Equilibrio. Aquello que el mismo cristianismo primitivo, -es decir- antes de la política de los inquisidores “concilios”, comprendían como el lado experiencial, monista y universal. Distinto a la austeridad monacal de la razón pensante y el literalismo, consciente, catedralicio e intelectual posterior, cuyo vició/prejuicio arrastramos hasta nuestros días.

Me refiero a una práctica muy distinta a la actual mente dispersa, imposibilitada de sentir, sobrestimulada, sobrecalificada, sobreinformada, narcotizada, repleta de banal entretenimiento y colmo incapaces de percibir en (la) realidad (d)el momento presente (el ahora y el aquí).

El Tantra es una ruta a despertar nuestra poderosa energía creadora, continuamente ignorada, atentada y mayormente destruida con toda clase creencias falsas, tomadas como ¿certezas? (trampas de la certidumbre) violencias incluso no aparentes y evidente sufrimiento.

La Energía Sexual exclusivamente reducida al aspecto recreativo, reproductivo y/o fisiológico, resulta otro fantasma del falso “Yo” (personaje) que ignora el verdadero “Yo” (primordial), enfocado hacia la libertad (“sin miedo a la libertad” -advierte Eric Fromm-) y del mismo modo, comunión con el cuerpo emocional, la memoria celular y la meta-genealogía, donde asumimos, se asientan y se integran, la herencia de todos los pasajes vividos, los secretos, los conflictos resueltos y sin resolver, el sufrimiento, la vergüenza, el (falso) pudor, el peso de las tácitas peores costumbres normalizadas y aceptadas (normosis) todas las psicopatologías, los patrones mentales, el oscurantismo, la superstición, el constructo moral e incluso los tabúes.

Hablar de Tantra es referirnos a una ciencia muy antigua, (una gnosis) un método, una filosofía, que tan sólo comprendes a través de la experiencia, la presencia y el amor.

La Salud en cualquier ámbito, sea en los cuatro centros formativos: – “sexual” o físico, “emocional” y empático, “intelectual” o curiosidad, y “espiritual” o trascendente- (diría G. I. Gurdjieff). Pues la Salud es el constante esfuerzo de presencia; sin alienación, sinónimo de vitalidad, gozo, creación y manifestación/realización de tus deseos en todas las áreas, libertad del ser responsable de tu propia vida (luces y sombras), aprendiendo a sentir y despertar tu verdadera identidad, dejando de buscar fuera; para/por descubrir ese complejo e iniciático camino de búsqueda interior, exploración y autoconocimiento. Porque satisfechos, plenos y realizados actuamos como santos; pero frustrados, insatisfechos y alienados nos comportamos como demonios.

“Quien mira hacia afuera sueña. Quien mira hacia adentro despierta” (C. G. Jung dixit).

Se trata de escuela, de aprendizaje, de “resonancia morfo genésica” (en frase del biofísico Rupert Sheldrake. (De)coherencia cardiovascular e imantación (pues el amor es magnetismo y polarización) y un ejercicio de atención permanente, por conservar lo que podemos llamar: consciencia continua, voluntad de testigo. Respecto al problema del observador como (co)creador innato de lo que entiende como realidad propia, fuera de las cárceles, del apego y la identificación. Una forma de intervenir en el campo cuántico/energético de donde provienen, nacen y/o se crean las cosas.

Se trata del Permiso que te das para cambiar tu vida y tu conducta a otros planos de sensibilidad y consciencia.

 

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